miércoles, 30 de mayo de 2007

Puntos de vista.


Esta noche es fresca y la brisa corre con brío.

El cielo está encapotado pero a pesar de ello una tímida luna asoma tras la Catedral.

Desde aquí hay una vista extraordinaria de Vitoria.

Los coches comienzan a alumbrar su paso allá por donde van.
Las calles se iluminan ligeramente, resistiéndose enérgicamente a la lúgubre noche que por el momento invade las principales arterias de esta ciudad.

La gente apresura su paso para robar el tiempo al reloj de la Iglesia de San Miguel, que anuncia próximo las diez de la noche.

Las callejuelas parecen recobrar vida con las luces de los escaparates y de los focos que el Ayuntamiento colocó de forma precisa para elevar la majestuosidad de la Virgen.

Sentado en la balconada, aprecio como los últimos clientes marchan apresuradamente de las cálidas terrazas de la plaza, que a media tarde contemplaban un agradable resolillo.

Los camareros recogen las sillas y las mesas, rogando al cielo que no venga algún despistado, que les demore su jornada todavía más.

Por fin la plaza está en un aparente silencio.
Nadie ni nada quiere romper este momento, ni tan siquiera las campanas se atreven a repicar.

Ton! ,Ton!, Ton!, así hasta diez. Ya es hora de recoger y emprender rumbo a casa.

!!!Pero yo no tengo prisa, ya iré ¡¡¡¡

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