martes, 15 de mayo de 2007

Tormenta en la Sierra Cantabria


Esta mañana, tras una jornada tranquila de trabajo en el campo, no he podido sucumbir a la tentadora idea de cruzar la Sierra Cantabria.


Poco antes de subir, una fuerte tormenta sacudió los pueblos más cercanos a la sierra.

Las nubes llenas de agua, con su color violeta, pedían a gritos ser liberadas de tanta carga.

Las gotas caían una tras otra, sin dejar el más mínimo espacio entre ellas, cubriendo los campos con una densa capa de turbia agua.

Al comenzar el ascenso, las nubes se precipitaron de forma vertiginosa a las faldas de la montaña.

El asfalto húmedo, desprendía un delicioso y embriagador aroma.
Algún que otro tímido rayo de sol comenzaba a calentar la carretera, formando una suave nieblina que al agrado de los pajarillos, les mantenía revoloteando entre los húmedos árboles.

Ningún sonido agónico rompía el silencio de tan majestuosa estampa.

Desde lo más alto de la Sierra, por encima de las nubes tormentosas se podían observar las villas morivundas de la comarca.

Apenas había movimiento.

Las calles encharcadas y oscuras no daban sensación de vida, quizás al sentir una deliciosa tormenta primaveral los lugareños no daban signo alguno de presencia.

¡Qué hermoso cuadro aquél que se divisaba desde los lugares más insospechados de las rocas!

No hay comentarios: