Hacía mucho tiempo que no viaja en tren. ¡Quizá más de un lustro, ya no recuerdo!
Ha pasado mucho tiempo, más del que debería y más del que pretendía.
Viajar en tren es uno de esos placeres que ninguna persona debería de privarse.
Todo viaje comienza por mirar tu ruta, buscar tu destino. Una vez elegido el sino de tu viaje has de comprar el billete. Miles de dudas te ahogan, qué nervios, es mejor que la primera vez.
Yo cuando viajo me cuesta decidirme si hacerlo por el día o por la noche. Cada opción es un mundo.
Viajar por el día da lugar a conocer gente, a charlar con el compañero, a mirar a través de la ventana y ver cómo el Mundo se mueve a otro ritmo.
En cambio el viaje de noche es radicalmente diferente. La gente duerme, el tiempo se detiene, en fin, tú viaje, mi viaje se hace con otro sentido.
Yo de mayor quisiera ser maquinista y seguir viendo el mundo a todas horas.
Aún me queda un rato de viaje, así que aprovecharé para relajarme, mirar el maravilloso paisaje y disfrutar de lo hermosa que es la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario